EL ATEO
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Un ateo camina por el bosque admirando la belleza del río, los árboles y
los animales silvestres. De repente el ateo escucha fuertes pisadas y ve
desplazarse arbustos para dar paso a un enorme y feroz oso que se dirige
hacia él. El ateo comienza a correr tan rápido como puede, impulsado por
el flujo repentino de adrenalina en su sistema. Mirando hacia atrás
observa que el oso va ganando terreno, pero él continúa corriendo. El
oso sigue ganando terreno, cuando el ateo tropieza y cae al suelo. El oso
alcanza al ateo, lo inmoviliza con una de sus patas traseras y levanta una
de sus garras delanteras como para tirarle un zarpazo al hombre, que en
ese momento exclama desesperado: Para
sorpresa del ateo en ese instante aparece una deslumbrante luz en el cielo
y el tiempo se congela. El bosque y el río enmudecen, mientras el
oso parece una estatua de cera. De entre la deslumbrante luz se escucha la
voz de Dios que dice al ateo: El
ateo comprende lo precario de su situación y trata de contestar
honestamente: - "Como pediste, te sea concedido". En ese momento la luz desaparece, retornan los sonidos y el tiempo vuelve a correr. El rostro del oso cambia de uno feroz a uno amable y sonriente. Baja la garra que tiene levantada, la junta con su otra garra y elevando su vista al cielo dice: - "Padre Santo, te doy gracias por el alimento que estoy a punto de ingerir, Amén." |
